

Bogotá (Martes, 09-02-2010, Gaudium Press) En buena medida, la repercusión mediática del importante artículo del filósofo judío-francés Bernard Henri Lévy titulado "En defensa de Benedicto XVI" -publicado en El País de España el 24 de enero pasado y también en Il Corriere della Sera, y Le Point- ha sido enfocada particularmente hacia la figura histórica de Pío XII, considerada al final de su nota.
Entretanto ese no es el asunto central del escrito del señalado representante de la "Nouvelle Philosophie".
Adonde apuntan principalmente las baterías del filósofo-periodista francés, y con argumentos contundentes, es a la animadversión gratuita de un amplio sector de la gran media hacia Benedicto XVI.
"Nada más resultar elegido, el Papa ya fue objeto de un verdadero proceso mediático en el que se le tachaba machaconamente de "ultraconservador" (como si un Papa pudiera ser otra cosa que "conservador")", afirmaba el filósofo en el artículo referido.
Tras dar un vistazo rápido y desdeñoso por las prosaicas alusiones de ciertos periodistas al "Papa-alemán", Lévy describe un hecho que es realmente característico.
Pasado ya el tiempo del viaje del actual Pontífice a Auschwitz, en el 2006, y tal vez pensando que los días harían olvidar lo que verdaderamente había sido dicho, hubo quien pretendió "que el Papa se habría referido a los seis millones de muertos polacos como a víctimas de una simple ‘banda de criminales', sin precisar que la mitad de ellos eran judíos". El filósofo francés muestra que una simple revisión de la edición de la publicaciones de la época, por ejemplo la de Le Monde del 30 de mayo de ese año, muestra que "el infundio es apabullante, pues, en realidad, aquel día, Benedicto XVI habló de los ‘jerarcas del III Reich' que intentaron ‘aplastar' al ‘pueblo judío' y borrarlo de la faz de la Tierra".
En esa línea, y ahora sin dejar que la arena del reloj descendiese tanto, "la guinda la ha puesto el mismo coro de desinformadores, que esta vez [en su visita a la sinagoga de Roma el 17 de enero pasado] ni siquiera ha esperado a que el Pontífice cruzara el Tíber para anunciar, urbi et orbi, que ni ha encontrado las palabras apropiadas, ni ha hecho los gestos adecuados, y, por tanto, ha fracasado". Por el contrario, para el filósofo judío, los múltiples gestos de benevolencia de Benedicto XVI hacia los judíos, en la línea establecida por Juan Pablo II, exigen que "hay que dejar de repetir como loros que Benedicto XVI hace menos que su predecesor".
La mención que hace de Pío XII al final de su nota, es más bien la ocasión para hacer un paralelo entre el Papa Pacelli y el Papa Ratzinger.
Antes de que por el mundo se difundiera la leyenda negra de la pretendida inacción de Pío XII frente al nazismo -fruto en buena medida de la obra ‘El Vicario' del negacionista del Holocausto Rolf Hochhuth-, de numerosos sectores surgían voces de agradecimiento hacía el Papa de la Segunda Guerra, como por ejemplo la de la primera ministra israelí Golda Meier: "Durante los diez años del terror nazi, mientras nuestro pueblo sufría un martirio espantoso, el Papa alzó su voz para condenar a los verdugos".
"Y, por ahora, lo asombroso es que todo el peso, o casi, del ensordecedor silencio que se hizo en el mundo entero alrededor de la Shoah recaiga sobre uno de los soberanos de aquel tiempo que: a) no tenía ni cañones ni aviones a su disposición; b) según la mayoría de los historiadores, no escatimó esfuerzos para compartir con aquellos que los tenían la información de la que disponía; c) salvó -sí, él-, tanto en Roma como en otros lugares, a un gran número de aquellos de los que se sentía responsable moralmente", declara el filósofo.
"Ya se trate de Pío o de Benedicto, se puede ser Papa y chivo expiatorio", concluye Lévy.
Gaudium Press / S. C.



