

Roma (Viernes, 12-03-2010, Gaudium Press) Toda la jornada del sacerdote, no solo el momento de la celebración, es una Eucaristía, ha dicho el P. Raniero Cantalamessa, durante la segunda prédica cuaresmal realizada hoy en la Capilla ‘Redemptoris Mater' del Palacio Apostólico Vaticano, a la que asistió el Papa Benedicto XVI.
Existe una diferencia esencial entre el sacerdocio de Cristo y el sacerdocio de la Antigua Alianza. En el antiguo, el sacerdote ofrece una cosa fuera de sí y escoge la víctima del sacrificio, mientras que en el de la nueva alianza es Jesucristo quien se ofrece a sí mismo como víctima, expresó el religioso.
Así, el sacerdote de la nueva alianza, siendo ministro de Cristo -y actuando ‘in persona Christi, lo que le da una particular participación ontológica en la persona del Redentor- no limita su actividad ministerial a la celebración del sacrificio. Sea que enseñe, confiese, predique, visite los enfermos, descanse o se distraiga, él participa en varios modos de la Eucaristía. Bajo esta óptica, también la vida del sacerdote anciano, debilitado y enfermo, es preciosísima para la Iglesia a la luz del sacrificio eucarístico, ha afirmado el P. Raniero.
Asimismo "en el paso de los antiguos sacrificios al sacrificio de Cristo -afirma el predicador de la Casa Pontificia- se observa la misma novedad que en el paso de la ley a la gracia, del deber al don."
De la comprensión que la vida eucaristíca toma por completo la existencia del sacerdote, lo que constituye para cada presbítero el redescubrimiento de la dimensión existencial de la Eucaristía, nace también el deber de ayudar también al pueblo de Dios a vivirla.
Por ello, el Año sacerdotal "no debería ser una oportunidad y una gracia solo para los sacerdotes, sino también para los laicos". Según el religioso, la Eucaristía es el acto de todo el pueblo de Dios: "No solo en el sentido pasivo, que redunda en beneficio de todos, sino también activamente, en el sentido de que es cumplido con la participación de todos". Por tanto, también el laico es llamado a unirse al ofrecimiento sacerdotal, a ofrecerse a Cristo en la misa. De este modo, la Eucaristía "invade" la jornada de cada cristiano.
Con información de L'Osservatore Romano
Gaudium Press / S. C.



